jueves, 30 de abril de 2009
Intenciones del Santo Padre para el mes de mayo 2009
¿SÓLO A LOS VARONES?

Me pareció oportuno agregar el aporte que sigue, dado que es común escuchar la frase: “La Iglesia es machista y discrimina a las mujeres”. Claro desconociendo la realidad, es fácil hablar así, y además, queda bien. Por lo tanto aquí está el texto de Mons. Demetrio Fernández, Obispo de Tarazona - España.
Sólo a los varones
En mis Visitas pastorales a las parroquias, reservo un tiempo largo para los niños y los jóvenes, con los que suelo abrir un turno de preguntas abiertas al obispo. Ellos, según su edad y su nivel, preguntan lo que les interesa. A veces una pequeña curiosidad, a veces preguntas de hondo calado y no fácil respuesta en pocas palabras, la mayor parte de las veces temas que a ellos les preocupan y sobre los que quieren saber la verdad. Se fían del obispo y quieren saber la verdad, en medio de este mundo tan relativista. Confieso que me he sentido muy a gusto con ellos y he procurado responderles con verdad en todo, aunque de tales preguntas hubiera surgido una imposible tertulia de varias horas.
¿Por qué las niñas no podrán ser sacerdotes?, -ha sido un pregunta repetida, que preocupa a pequeños y mayores, a ellos y a ellas. La pregunta tiene fácil respuesta, aunque para ser bien entendida debe ser respondida disipando comparaciones o discriminaciones por razones de sexo, a las que somos tan sensibles hoy, a Dios gracias.
En primer lugar, Jesucristo no discriminó nunca a la mujer. La colocó al mismo nivel que al varón, admitiéndolas entre sus discípulos. En la escuela de Jesús había mujeres (Lc 8,2), cuando la mujer no tenía ningún acceso a la escuela de los rabinos. Las mujeres acompañaron a Jesús en su pasión y fueron las primeras testigos de su resurrección, cuando iban a embalsamar su cadáver. El Evangelio nos describe preciosos encuentros de Jesús con diferentes mujeres: la samaritana, la mujer adúltera, María Magdalena. En temas de matrimonio, Jesús enseña a superar el machismo, equiparando a la mujer con el varón (cf. Mt 19,1s). Más aún, la persona más grande en dignidad de todas las que Dios ha elegido como colaboradores en la obra redentora, es una mujer, María, la madre de Jesús. Ella es más importante que todos los demás discípulos juntos.
Ahora bien, “Cristo, llamando como apóstoles suyos sólo a hombres, lo hizo de un modo totalmente libre y soberano. Y lo hizo con la misma libertad con que en todo su comportamiento puso en evidencia la dignidad y la vocación de la mujer, sin amoldarse al uso dominante y a la tradición avalada por la legislación de su tiempo” (Ordinatio Sacerdotalis, 2). Jesucristo, que no discriminó en ningún momento a la mujer, confió el ministerio sacerdotal a Doce varones. Y así lo hicieron los Apóstoles al elegir a sus sucesores. La Iglesia ha venido haciéndolo a lo largo de dos mil años, no por inercia, sino respetando la voluntad soberana de su Fundador y su Señor.
Cuando en las últimas décadas algunas comunidades protestantes han planteado el tema, totalmente nuevo en la historia, de ordenar a mujeres para el sacerdocio ministerial, la Iglesia católica, por medio del Papa Juan Pablo II en 1994 ha manifestado definitivamente: “Con el fin de alejar toda duda sobre una cuestión de gran importancia, que atañe a la misma constitución divina de la Iglesia, en virtud de mi ministerio de confirmar en la fe a los hermanos (cf. Lc 22,32), declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia” (OS 4).
Ante la pregunta que me han hecho niños y jóvenes, la respuesta es sencilla: La Iglesia, en asunto de tanta importancia, no puede hacer otra cosa que lo que hizo su Señor. Si la Iglesia hiciera otra cosa, iría en contra de la voluntad de su Fundador, sería infiel a su Esposo Jesucristo. La fidelidad a su Señor está por encima de las modas de la época. El Papa Juan Pablo II nos ha ofrecido esta doctrina con carácter definitivo, es decir, irreversible e irreformable. En la Iglesia que Cristo ha fundado no habrá nunca mujeres sacerdotes. La mujer tiene mucho que aportar a la Iglesia en tantísimos campos, pero el sacerdocio ministerial ha sido, es y será confiado sólo a varones, tal como lo hizo nuestro Señor Jesucristo. Y esto será así siempre.
Fuente: Conoceréis de verdad .org
jueves, 23 de abril de 2009
La experiencia del mal y la idea de Dios

El texto que sigue es para leerlo con detenimiento, porque tiene respuesta cuando aparece en el horizonte la duda, el descreimiento, la desconfianza en Dios, a raíz de problemas propios de nuestra condición humana relacionados con situaciones complicadas de salud personal o que afecta a un ser querido, o cualquier otra dificultad que nos lleva a preguntarnos:
Como punto de partida, no debemos escandalizarnos por formular la pregunta con la que hemos comenzado esta reflexión: ésta ha sido planteada también por parte de la teología católica. Es el mismo Catecismo de la Iglesia Católica el que afirma en su número 272 que “la fe en Dios Padre Todopoderoso puede ser puesta a prueba por la experiencia del mal y del sufrimiento” y que “a veces Dios puede parecer ausente e incapaz de impedir el mal”, llegando a plantearse en su número 310 la pregunta de “¿por qué Dios no creó un mundo tan perfecto que en el no pudiera existir ningún mal?”. El teólogo y obispo católico Walter Kasper llega a señalar que “estas experiencias del sufrimiento inocente e injusto constituyen un argumento existencialmente mucho más fuerte contra la creencia en Dios que todos los argumentos basados en la teoría del conocimiento, en las ciencias, en la crítica de la religión y de la ideología y en cualquier tipo de razonamiento filosófico”. El teólogo Hans Küng afirma que “el dolor es continua piedra de toque de la confianza en Dios”, tras lo que se pregunta “¿donde encuentra la confianza en Dios mayor desafío que en el dolor concreto?”. Y nada menos que el propio Juan Pablo II, en su catequesis sobre el credo (audiencia general de 4 de junio de 1986), indica que la presencia del mal y del sufrimiento en el mundo “constituye para muchos la dificultad principal para aceptar la verdad de la Providencia Divina”, a lo que añade que “en algunos casos esta dificultad asume una forma radical, cuando incluso se acusa a Dios del mal y del sufrimiento presente en el mundo llegando hasta rechazar la verdad misma de Dios y de su existencia” , todo ello por “la dificultad de conciliar entre sí la verdad de la Providencia Divina, de la paterna solicitud de Dios hacia el mundo creado, y la realidad del mal y el sufrimiento”.
Para dar respuesta a esta inquietante pregunta, hemos de distinguir claramente entre el mal “en sentido físico” y el mal “en sentido moral”. El mal moral se distingue del físico, sobre todo, por comportar culpabilidad y por depender de la libre voluntad del hombre; en cambio, el que estamos denominando mal físico no depende directamente de la voluntad del hombre, sino que se deriva de la propia naturaleza limitada, contingente y finita del hombre y de la creación. Las calamidades provocadas por terremotos, inundaciones y otras catástrofes naturales, las epidemias, las enfermedades, así como la muerte, serían ejemplos de este mal que hemos denominado “físico”; los desastres producidos por la guerra, el terrorismo, el odio, la violencia de todo tipo que tiene por origen al hombre serían ejemplos de ese mal que hemos llamado “moral”. A partir de esta diferenciación, cabe señalar lo siguiente:
a.- El mal físico es inherente a la condición del hombre y de la creación. El hombre es un ser finito que está sujeto a la enfermedad y a la muerte; además, ha de vivir en un universo en el que se producen determinados fenómenos naturales productores de daño y de sufrimiento. Las limitaciones y la caducidad propias de todas las criaturas es el origen último de este tipo de males, que son consustanciales a la propia estructura del hombre y del universo. En última instancia, puede decirse que este mal en el orden físico es permitido por Dios, como se señala en la catequesis de Juan Pablo II antes citada, “con miras al bien global del cosmos natural”,
b.- Algo bastante distinto sucede respecto al que hemos denominado mal moral. En palabras de Juan Pablo II, “este mal decidida y absolutamente Dios no lo quiere”. El mal moral es radicalmente contrario a la voluntad de Dios y su autor es exclusivamente el hombre, al haber hecho mal uso de su libertad. ¿Por qué tolera Dios este mal? Porque para Dios la existencia de unos seres libres es un valor más importante y fundamental que el hecho de que aquellos seres libres abusen de su propia libertad contra el propio Creador y que, por eso, la libertad pueda llevar al mal moral.
La anterior constituye la primera explicación que la teología nos ofrece de que la existencia del mal en el mundo no es incompatible con la idea de Dios. Pero esto no es todo. Debemos darle la vuelta al argumento que implícitamente se oculta detrás de la pregunta con la que se abre este artículo, para afirmar con Hans Küng que “sólo habiendo Dios es posible contemplar el infinito sufrimiento de este mundo”, que “sólo creyendo confiadamente en el Dios incomprensible y siempre mayor puede el hombre tener fundadas esperanzas de atravesar el ancho y hondo río del dolor de este mundo: consciente de que por encima del abismo, del dolor y del mal, una mano se extiende hacia él”.
El hombre moderno no puede por sí solo erradicar los múltiples sufrimientos de la humanidad, pese a los adelantos de la ciencia y de la técnica. El sufrimiento es inherente a la condición humana y solamente mediante la intervención redentora de Dios es posible que surja un hombre nuevo liberado de la muerte, del dolor y del sufrimiento. En concreto, es la pasión, la muerte y la resurrección de Jesús la que implica la redención definitiva del dolor y del sufrimiento humano, la que transforma el dolor y la muerte en vida eterna. Es desde la perspectiva del sufrimiento y de la muerte de Jesús como el dolor y el sufrimiento de cada hombre cobra un nuevo sentido. El sufrimiento, el dolor y la muerte siguen acompañando al hombre; pero en la pasión y en la resurrección de Jesús ese sufrimiento recibe un sentido.
domingo, 19 de abril de 2009
Ayer publicamos el comunicado de la santa sede dando cuenta de la respuesta a la resolución del parlamento belga que condenaba expresiones del Santo Padre. Este hecho motiva el comentario que sigue, inserto en el blog "la Iglesia en la prensa.com"
El parlamento belga y el sentido del ridículo
El parlamento belga aprobó ayer una moción en la que se pide al gobierno que proteste ante la Santa Sede por las declaraciones del Papa sobre el preservativo en la lucha contra el sida . La resolución contó con el respaldo de una amplia mayoría, después de que se cambiara la frase “declaraciones peligrosas e irresponsables” [las del Papa] por “declaraciones inaceptables”. Cuenta la prensa que, una vez aprobada la moción, los diputados comentaron que Bélgica era el primer país que manifestaba oficialmente su descontento por las palabras del Papa. Supongo que lo dirían con cierto orgullo y con un destello de autoestima.
Desconozco cuáles son las credenciales del Parlamento belga en la lucha contra el sida que le autorizan a pontificar y a censurar lo que dicen otros (con particular diligencia si se trata del Papa). Más conocidas son -por el contrario- las credenciales de las instituciones de la Iglesia católica, que aporta el 27 por ciento de los recursos que se usan en el mundo en la lucha contra el sida; si agrupamos a todos los gobiernos, lo que aportan juntos llega al 44 %. Esa realidad convierte a la Iglesia católica en la líder mundial en la lucha contra el sida.
Hace unos días escribí una parodia sobre las reacciones automáticas que, al parecer, las palabras del Papa producen en algunos. Se trataba de una noticia inventada a propósito de los ecos suscitados por una supuesta frase de Benedicto XVI. Entre las “reacciones”, figuraba una del gobierno belga, que anunciaba el envío de una nota verbal de protesta ante la Santa Sede... Aquello era una parodia de la ridiculez humana. Veo que la realidad la supera ampliamente.
sábado, 18 de abril de 2009
Comunicado de la Secretaría de Estado del Vaticano
miércoles, 15 de abril de 2009
¿María tuvo mas hijos?
¿No te has sentido alguna vez preocupado cuando te hicieron esta pregunta, por no saber que contestar? Pues bien, aquí tienes elementos para poder responder con fundamentos; lee lo que sigue, seguro que te servirá.
El tema de María ha dividido a católicos y protestantes. Uno de esos puntos de diferencia es la virginidad perpetua de María. Según la Iglesia Católica, María sólo tuvo a Jesús pero los protestantes argumentan con la Biblia que sí tuvo más hijos.
Cuando me encuentro con un protestante, sea evangélico, testigo de Jehová o adventista, y quiero ponerme en una tónica fundamentalista, se molestan. Siempre comienzo la conversación con la pregunta: ¿Dice la Biblia que María tuvo más hijos o más bien dice que Jesús tuvo más hermanos? Según ellos, yo no puedo colocarme en esa perspectiva (y pensar que ellos son los que toman todo al pie de la letra). Pero objetivamente, no es lo mismo, ya que por ejemplo podrían ser hijos de José y no de María. La verdad es que ninguno de ellos tuvo más hijos. Con un sencillo análisis genealógico y de gramática griega lo demostraremos.
Primero analicemos las citas usadas por los protestantes para decir que María tuvo más hijos. Es bueno decir antes que en NINGUNA cita se usa la expresión hijos de María, que es lo que los protestantes argumentan, pero en todo caso sigamos su argumentación.
“¿No es el hijo del carpintero? ¿No se llama María su madre? ¿No son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas, ¿No están todas viviendo entre vosotros? (Mt 13, 55-56)
En ninguna parte dice hijos de María, lo que dice es hermanos de Jesús, pero fácilmente se demostrará quien es la madre de estos personajes.
“Oye, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están afuera y preguntan por ti” (Mc 3, 32)
Cuando les pregunto a los protestantes, que por qué no creen en el purgatorio, me dicen: esa palabra no está en la Biblia. Yo les diría que, entonces María no tuvo mas hijos, porque la expresión “hijos de María” o “María tuvo más hijos” tampoco aparece en la Biblia. En este caso, ellos sí recurren a otras artimañas para asegurar esto.
“Después de esto, Jesús bajó a Cafarnaún y con él su madre, sus hermanos y sus discípulos” (Jn 2, 12)
“Todos ellos perseveraban en la oración y con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos” (Hch 1, 14)
¿Por qué no decir: María, la madre de Jesús, y sus otros hijos? Que cada uno responda.
“Pero no vi a ningún otro apóstol, sino a Santiago, hermano del Señor”. (Gal 1, 18)
Parece que uno de los nombres mencionados en Mateo vuelve a aparecer. Entonces ¿Será que sí es otro hijo de María?
Además de estas citas se valen de dos mas. En la primera, la expresión hasta qué, hace pensar que después sí sucediera lo que se está narrando:
“Y no la conoció hasta que dio a luz un hijo al que José le puso el nombre de Jesús” (Mt 1, 25)
En la segunda, la expresión primogénito hace pensar que como fue el primero debieron haber mas hijos: “Y dio a luz a su primogénito” (Lc 2, 7)
Con las citas anteriores cualquier cristiano poco versado caería en el error de creer que María tuvo más hijos. Ahora llega nuestro turno de mostrar la verdad.
La cultura judía es una cultura patriarcal. En ella prima la autoridad paterna, y esta autoridad toma atribuciones lingüísticas tales que al referirse a un hermano de sangre toque aclarar: los hijos de mi padre, ya que decir hermano solamente pude referirse a cualquier grado de parentesco como: tío, sobrino, primo, etc. Esto ocurre porque en la lengua hebrea no existe la palabra tío, primo u otra. Veamos algunas referencias bíblicas:
“Abram tomó a Saray, su esposa, y a Lot, hijo de su hermano” (Gn 12, 5)
Aquí se ve claro que Abram es tío de Lot; sin embargo, mas adelante lo llamará su hermano:
“Así pues, Abram le dijo a Lot: Mira, es mejor que no haya peleas entre nosotros, ni entre mis pastores y los tuyos, puesto que somos hermanos.” (Gn 13, 8)
Existe un ejemplo en Deuteronomio, que puede iluminar sobre la diferencia gramatical entre hermanos de sangre.
“Maldito el que se acuesta con su hermana, hija de su padre o de su madre” (Deu 27, 22)
El autor tiene que especificar “hijo de” ya que decir solamente “hermanos” no indica ningún grado de consanguinidad específico.
Otro texto que puede hacer entender a los protestantes la diferencia entre hijos de madre y hermanos la encontramos en el salmo 69. Una vez en la página web de un protestante anticatólico encontré que argumentaban contra la virginidad de María usando este salmo el cual dice:
“Me volví como un extraño para mis hermanos, y como un advenedizo para los hijos de mi madre” (Sal 69,8).
Según este protestante, este salmo es mesiánico por lo que dice en el verso 10: “Me devora el celo de tu casa” de la cual hacen mención los evangelios en (Juan 2, 17). De aquí él deduce que Jesús sí menciona a sus hermanos de sangre. Realmente hay que tener una mente muy estrecha para pensar eso; ya que mirando el verso seis dice:
“Tu sabes, oh Dios, si me he extraviado, pues no te están escondidos mis pecados” (Sal 69, 6).
¿Tendremos acaso que llegar a pensar que Jesús pecó? Mas bien diremos que hay unos versos mesiánicos pero que otros no. Lo que realmente importa de este texto es como hay una diferencia entre hermanos e hijos de madre, ya que el autor hace la distinción entre ambos.
Con esta explicación basada en gramática y citas del Antiguo Testamento debería bastar para mostrar que las referencias de los hermanos de Jesús no implica que sean hijos de María; pero aun así analicemos cuales son esos supuestos hermanos.
Antes de entrar con los supuestos hermanos analicemos las expresiones antes mencionadas: hasta qué y primogénito.
Según el texto de Mateo, después que María dio a luz, daría a pensar que sí tuvo relaciones con José. La verdad es que el sentido en griego y hebreo es diferente al español. Para nosotros, hasta qué, indica una acción que se da posteriormente, mientras que para los judíos indica una acción que no sucede hasta dicho momento, sin mencionar lo que pueda suceder después. Con textos del Antiguo Testamento lo demostraremos. “Y Micol, hija de Saul no tuvo hijos hasta el dia de su muerte” (2 Sam 6, 23).
Con una óptica protestante debería decir que Micol tuvo hijos después de muerta; porque como dicen que hasta su muerte indica lo que se hará en el futuro, entonces: una muerta dio a luz. Si se analiza bien la cita anterior, veremos que en la cultura judía, la expresión “hasta que”, hace mención a lo que ha ocurrido hasta cierta fecha, sin mencionar nada después. Igual sucedió con María. Mateo menciona que hasta el momento del nacimiento de Jesús, María era virgen; no está indicando nada de que esa condición virginal se perdiera después.
Ahora, vemos en Lucas una expresión sobre la primogenitura de Cristo. Muchos creen que primogénito significa el primero de varios, pero sólo indica el primero, sin importar si habrá más.
“Hijos de Moisés: Guerson y Eliezer. Hijos de Eliezer: Rejabías, el primogénito. Eliezer no tuvo más hijos, pero los hijos de Rejabías fueron numerosos” (1 Cro 23, 15-17).
Como se puede apreciar, Eliezer tuvo su primogénito, que fue su único hijo. Pensar que María tuvo mas hijos porque a Jesús se le llame primogénito es no conocer las Escrituras, y pensar que somos los católicos los que supuestamente no las conocemos.
Ahora si llegaremos a conocer a los “hermanos” de Jesús. El primer texto que usan los protestantes para argumentarle hijos a María es:
“¿No es el hijo del carpintero? ¿No se llama María su madre? ¿No son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas, ¿No están todas viviendo entre vosotros? (Mt 13, 55-56)
Ya dijimos antes, que en ninguna parte se dice: hijos de María.
Miremos los cuatro nombres y memoricémoslos: SANTIAGO(Versión católica y de los testigos de Jehová) o JACOBO(Versión Reina Valera), JOSE, SIMON Y JUDAS.
Lleguemos a conocer quien es la madre de estos cuatro hermanos.
Comenzando por Mateo, lleguemos al momento de la cruz:
“Estaban también allí, muchas mujeres... de las cuales eran María Magdalena, y María madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo” (Mt 27, 55.56)
De este texto podemos sacar lo siguiente:
· No se hace mención de María la madre Jesús.
· Se menciona una María, madre de José y Santiago
· Se menciona la madre de los hijos de Zebedeo: Santiago y Juan (Mt 10, 3)
De esto, vemos que Santiago el “hermano” de Jesús no es el mismo Santiago, hermano de Juan. ¿Pero esta madre será María? Ya en Mateo, esta mujer se presenta a Jesús, a pedirle los primeros puestos para sus hijos(Mt 20, 20-28). Vemos que no le dice hijo a Jesús, ni presenta a sus hijos como hermanos del mismo. Esta María no es la Virgen María
¿Entonces? ¿Esta María mencionada ahora será la misma del capítulo trece?. Lo que se puede analizar es que si María (la de Jesús) en verdad es madre de Santiago y José, Mateo no la nombre como madre de Jesús, sino como madre de los otros dos, esto es muy sospechoso.
Si leemos rápidamente los tres evangelios sinópticos, cuando Jesús escoge a sus doce discípulos vemos, que menciona a un Santiago, hijo de Alfeo, seguido de Judas Tadeo.
Si ya descartamos que Santiago el hermano de Juan sea el mismo del capítulo trece, nos queda demostrar si este hijo de Alfeo, en verdad es hermano de Jesús.
Pasemos a Marcos:
Marcos es el único que nos muestra la única parte en donde a Jesús se le llama: Hijo de María (Mc 6, 3), de ahí que nos cueste mucho creer la expresión protestante: los otros hijos de María, pues de Jesús la Biblia lo dice una sola vez, mientras los protestantes lo atacan todos los días.
“…entre las cuales estaban: María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé” (Mc 15, 40).
Vemos que ahora aparece Salomé, y vuelven a salir Jacobo y José. En este texto volvemos a observar a María magdalena, NO APARECE María, la de Jesús, y vuelve a aparecer una María, madre de Santiago y José.
Juan nos dará una gran pista para entender este misterio:
“Estaban junto a la cruz de Jesús, su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofás, y María Magdalena” (Jn 19, 25). Miremos varias cosas: POR FIN APARECE MARIA, y sigue apareciendo otra María, ahora como esposa de Cleofás.
· En todos los evangelios aparece María Magdalena
· Sólo en Juan aparece la Virgen María
· Pero vemos que siempre aparece una María, como madre de Santiago y José, o como esposa de Cleofás ¿Será la misma?
La respuesta la analizamos de la siguiente manera:
1. Santiago aparece como hermano de Jesús, y hermano de Judas, José y Simón
2. La carta a los Gálatas nos menciona a un Santiago, hermano del Señor (1,18). Como se habla de Jerusalén, debe ser Santiago el Obispo. Este, llamado el menor, como dice Marcos (6,3), fue al mismo tiempo apóstol de Cristo. Como Jesús sólo tuvo dos llamados Santiago; y sabemos que uno es hijo de Zebedeo, y murió por Herodes; este otro debe ser el hijo de Alfeo.
3. Lucas (16,6) nos muestra que Santiago, hijo de Alfeo, es hermano de Judas Tadeo. Y sabemos que este Judas fue el autor de la Carta de Judas, la cual dice: “Judas, siervo de Jesucristo, y hermano de Jacobo” (Jud 1, 1). Vemos que Judas se presenta como hermano de Santiago. En Mateo 13 aparecen un Judas y un Santiago, como hermanos de Jesús. Pero en su carta, Judas se proclama hermano de Santiago PERO NO de Jesús, de quien se llama siervo.
4. De lo anterior concluimos que el Judas que aparece en Mateo 13, es el autor de la carta, y este no se proclama hermano de Jesús, mientras que si de Santiago, que también aparece como hermano de Jesús, y es el que Pablo vio en Jerusalén, autor de la Carta de Santiago. El nombre de Alfeo, su padre, es en arameo la traducción de Cleofás en griego. Con esto se demuestra que:
o La María que aparece en la cruz como madre de Santiago y José, es la misma que aparece como esposa de Cleofás.
o Cleofás es lo mismo que Tadeo, por tanto Judas también es hermano de Santiago y José, que aparecen en Mateo. Y se corrobora en la carta de Judas, donde menciona a su hermano santiago, pero no se dice igual de Jesús. Además, el Simón mencionado aparece en (Mt 10, 3) y (Hch 1,13)
o Como la madre de estos nombres es hermana de la Virgen María, ellos son parientes de Jesús, mas no hermanos directos de sangre.
o Entendiendo que entre los judíos no existía palabras para los parientes, no esta mal que a estos primos de Jesús, se les llamara hermanos.
Ahora, miremos otros argumentos para no creer en los “otros hijos de María”:
· Si Jesús tuvo mas hermanos, debió entregarles a María a estos hermanos; pero lo que hace es darsela a Juan, hijo de Zebedeo. En la cultura judía, una mujer no debía quedar sin marido ni hijo, y si esto pasaba, alguien debía acogerla.
· En la cultura judía, un hermano menor no podía aconsejar a uno mayor, y a Jesús, sus hermanos le aconsejan que vaya a Jerusalén (Jn 7, 3), siendo que el es el primero
· En la anunciación, María no sabe como concebirá a Jesús, pues ella dice:
“¿Como será esto, pues no conozco varón?” (Lc 1, 34) Si María hubiera pretendido tener relaciones matrimoniales con José o con cualquier otro hombre mas adelante, esta pregunta sería absurda. María desde siempre pensó en ofrecerle su virginidad a Dios, pues de lo contrario, al decirle el ángel que daría a luz, ella se hubiera imaginado tenerlo con José; pero su respuesta demuestra su firmeza en mantenerse virgen. Miremos el caso de Sara: cuando Dios le promete un hijo en su vejez, ella no pregunta como sería eso, pues obviamente ella supuso que lo tendría con Abraham; mientras que María no pensó así. Al contrario preguntó porque su ideal era ser virgen por amor del Reino de Dios (Mt 19, 12).
martes, 14 de abril de 2009
lunes, 13 de abril de 2009

‘LA IGLESIA NO TIENE MIEDO A LA VERDAD’
"La Iglesia.....no tiene miedo a la verdad que emerge de la historia y está dispuesta a reconocer equivocaciones allí donde se han verificado, sobre todo cuando se trata del respeto debido a las personas y a las comunidades. Pero es propensa a desconfiar de los juicios generalizados de absolución o de condena respecto a las diversas épocas históricas. Confía la investigación sobre el pasado a la paciente y honesta reconstrucción científica, libre de prejuicios de tipo confesional o ideológico, tanto por lo que respecta a las atribuciones de culpa que se le hacen como respecto a los daños que ella ha padecido".
Juan Pablo II, discurso del 1 de Septiembre 1999. Fuente: conocereisdeverdad.orgdomingo, 12 de abril de 2009

miércoles, 8 de abril de 2009
¿Lo pensó?
“La Iglesia abraza con su amor a todos los afligidos por la debilidad humana; más aún, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en remediar sus necesidades y procura servir en ellos a Cristo” (LG 8).
martes, 7 de abril de 2009
Conoce tu Iglesia

lunes, 6 de abril de 2009
Intenciones del Santo Padre para el mes de abril 2009
Defensa de la fe
¿Sabes defender tu fe?
Con frecuencia, los católicos nos vemos abordados por miembros de otras religiones que cuestionan nuestro conocimiento de la fe. Aquí te orientamos con citas bíblicas para que los ayudes a comprender la riqueza de la fe católica. Cada semana tendremos una pregunta distinta.
Tema: María, Madre de Dios
¿Por qué llamas a María 'Madre de Dios'? Ella sólo es la madre de Jesús en su naturaleza humana
Jesús es una persona pero tiene dos naturalezas: humana y divina. Ambas naturalezas no pueden ser separadas. María dio a luz al Señor Jesús, "verdadero Dios y verdadero hombre". Recordemos lo que Isabel dijo a María en el pasaje de la Visitación (Lc. 1-43): "Y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!" Lucas 1, 43-45) ¡Aquélla que fue creada... dio a luz al Creador!
Citas relacionadas
Lc 1, 28-33 ; Mt 1, 22-23 ; Is 7,14 ; Gal 4, 4-5
Fuente: ACI Prensa