sábado, 18 de junio de 2016

El Domingo

¿Hay diferencia entre la Misa del domingo y la de los días laborales?
«Todos los días se celebra la Eucaristía. De modo especial, el domingo es el día de la Eucaristía, la Pascua semanal, el día de la Iglesia convocada por el Señor resucitado. Aunque el domingo sea el día más eucarístico de la semana, cada día se celebra la Eucaristía, y se actualiza por lo tanto el misterio pascual de Cristo. De modo magistral lo ha expresado el Papa Juan Pablo II en la encíclica Ecclesia de Eucharistia: La Iglesia vive continuamente del sacrificio redentor, y accede a él no solamente a través de un recuerdo lleno de fe, sino también de un contacto actual, puesto que este sacrificio se hace presente, perpetuándose sacramentalmente en cada comunidad, que lo ofrece por manos del ministro consagrado. De este modo, la Eucaristía aplica a los hombres de hoy la reconciliación obtenida por Cristo una vez por todas para la Humanidad de todos los tiempos.
El sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son un único sacrificio. Ya lo decía elocuentemente san Juan Crisóstomo: Nosotros ofrecemos siempre el mismo Cordero, y no uno hoy y otro mañana, sino siempre el mismo. Por esta razón, el sacrificio es siempre uno solo. También nosotros ofrecemos ahora aquella víctima, que se ofreció entonces, y que jamás se consumirá».
(fuente:Juan Javier Flores Arcas, OSB - Conocereis de verdad.org)

jueves, 12 de mayo de 2016

El misterio de Pentecostés



Permanecer juntos fue la condición que puso Jesús para acoger el don del Espíritu Santo; el presupuesto de su concordia fue la oración prolongada. De este modo se nos ofrece una formidable lección para cada comunidad cristiana. A veces se piensa que la eficacia misionera depende principalmente de una programación atenta y de su sucesiva aplicación inteligente a través de un compromiso concreto. Ciertamente el Señor pide nuestra colaboración, pero antes de cualquier otra repuesta se necesita su iniciativa: su Espíritu es el verdadero protagonista de la Iglesia. Las raíces de nuestro ser y de nuestro actuar están en el silencio sabio y providente de Dios.

Las imágenes que utiliza san Lucas para indicar la irrupción del Espíritu Santo --el viento y el fuego-- recuerdan al Sinaí, donde Dios se había revelado al pueblo de Israel y había concedido su alianza (Cf. Éxodo 19,3 y siguientes). La fiesta del Sinaí, que Israel celebraba cincuenta días después de la Pascua, era la fiesta del Pacto. Al hablar las lenguas de fuego (Cf. Hechos 2, 3), san Lucas quiere representar Pentecostés como un nuevo Sinaí, como la fiesta del nuevo Pacto, en el que la Alianza con Israel se extiende a todos los pueblos de la Tierra. La Iglesia es católica y misionera desde su nacimiento. La universalidad de la salvación se manifiesta con la lista de las numerosas etnias a las que pertenecen quienes escuchan el primer anuncio de los apóstoles (Cf. Hechos 2, 9-11).

El Pueblo de Dios, que había encontrado en el Sinaí su primera configuración, se amplía hoy hasta superar toda frontera de raza, cultura, espacio y tiempo. A diferencia de lo que sucedió con la torre de Babel, cuando los hombres que querían construir con sus manos un camino hacia el cielo habían acabado destruyendo su misma capacidad de comprenderse recíprocamente, en el Pentecostés del Espíritu, con el don de las lenguas, muestra que su presencia une y transforma la confusión en comunión. El orgullo y el egoísmo del hombre siempre crean divisiones, levantan muros de indiferencia, de odio y de violencia. El Espíritu Santo, por el contrario, hace que los corazones sean capaces de comprender las lenguas de todos, pues restablece el puente de la auténtica comunicación entre la Tierra y el Cielo. El Espíritu Santo es el Amor.

Pero, ¿cómo es posible entrar en el misterio del Espíritu Santo? ¿Cómo se puede comprender el secreto del Amor? El pasaje evangélico nos lleva hoy al Cenáculo, donde, terminada la última Cena, una experiencia de desconcierto entristece a los apóstoles. El motivo es que las palabras de Jesús suscitan interrogantes inquietantes: habla del odio del mundo hacia Él y hacia los suyos, habla de una misteriosa partida suya y queda todavía mucho por decir, pero por el momento los apóstoles no son capaces de cargar con el peso (Cf. Juan 16, 12). Para consolarles les explica el significado de su partida: se irá, pero volverá, mientras tanto no les abandonará, no les dejará huérfanos. Enviará el Consolador, el Espíritu del Padre, y será el Espíritu quien les permita conocer que la obra de Cristo es obra de amor: amor de Él que se ha entregado, amor del Padre que le ha dado.

Este es el misterio de Pentecostés: el Espíritu Santo ilumina el espíritu humano y, al revelar a Cristo crucificado y resucitado, indica el camino para hacerse más semejantes a Él, es decir, ser «expresión e instrumento del amor que proviene de Él» («Deus caritas est», 33). Reunida junto a María, como en su nacimiento, la Iglesia hoy implora: «Veni Sancte Spiritus!» - «¡Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos fel fuego de tu amor!». Amén. 
Fuente: Conocereis de verdad.org

martes, 22 de marzo de 2016

Martes Santo - El cristiano, ese pequeño traidor




El Martes Santo, el cristiano se mete en el Evangelio según San Juan 13,21-33.36-38:

Después de decir esto, Jesús se estremeció y manifestó claramente: "Os aseguro que uno de vosotros me entregará". Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería. Uno de ellos -el discípulo al que Jesús amaba- estaba reclinado muy cerca de Jesús. Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: "Pregúntale a quién se refiere". El se reclinó sobre Jesús y le preguntó: "Señor, ¿quién es?". Jesús le respondió: "Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato". Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: "Realiza pronto lo que tienes que hacer". Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto. Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: "Compra lo que hace falta para la fiesta", o bien que le mandaba dar algo a los pobres. Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche. Después que Judas salió, Jesús dijo: "Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: "A donde yo voy, vosotros no podéis venir". Simón Pedro le dijo: "Señor, ¿adónde vas?". Jesús le respondió: "A donde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás". Pedro le preguntó: "¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti". Jesús le respondió: "¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces".

Generalmente el cristiano, en la primera frase que lee en el Evangelio se encuentra ya enganchado y le resulta difícil proseguir. Estamos en la Última Cena, en la que Jesús va a instituir la Eucaristía, el nuevo Sacrificio y el nuevo sacerdocio; además formulará el consiguiente mandato imperativo del amor fraterno. Y hay un traidor entre nosotros. ¡Un traidor! ¿Cómo es posible? ¡Es posible!, por imposible que parezca es posible traicionar a quien me ha dado la vida y me da su vida para que mi vida sea eterna, eternamente feliz como la suya. ¿Seré yo el traidor? El cristiano sabe que puede serlo en este… mundo traidor, en el que a uno le pueden meter en la cabeza que nada es verdad ni mentira. Aunque le parece difícil poder llegar a ser un gran traidor, porque al parece su mediocridad no da para tanto, lo que resulta claro y patente a poco que reflexione es que de hecho es un pequeño traidor. ¡He traicionado tantas veces! Tantas cuantas he cerrado los ojos a la infinita sabiduría que es infinito amor: a lo que se llama Voluntad de Dios. He tratado de figurarme que bien pudiera ser que la Voluntad de Dios fuese arbitraria –como ha inculcado a tantos Guillermo de Ockam desde el siglo XIV hasta la fecha-. ¿Y que puedo hacer yo ante una voluntad caprichosa, arbitraria y con ganas de fastidiar? Cerrar los ojos, seguir la táctica del avestruz. Traicionar con la excusa de que no me parece que «eso» pueda ser la Voluntad de Dios para mí, aquí y ahora. En el fondo Él comprenderá. Soy una excepción. Con un poco de suerte, su arbitrariedad se pondrá a mi favor. Yo a lo mío.

Con mil extrañas sutilezas, razonadas sinrazones, he traicionado al Amor, a los sabios y amorosos Mandamientos, que sólo han sido formulados para mi bien, para orientarme hacia mi realización personal, a mi plenitud de vida temporal y eterna. He sido muchas veces un pequeño gran traidor. Porque las pequeñas traiciones al Amor, nunca son pequeñas. Si no, que lo diga un enamorado. «Dicen que no se siente la despedida / dile a quien te lo cuente / que se despida, ay, que se despida…». Dile al Amor que no le traicionaste cuando decidiste que era mejor tu camino que el suyo; díle que cuando elegiste tu capricho en lugar de su sabio y amoroso consejo o precepto que no le traicionaste, ay, díselo, díselo. Díle que no harás como Judas, sino como Pedro, como María de Magdala, como Pablo, como Agustín, como tantos santos que fueron pecadores.

Díle también que aprovecharás esta Santa Semana para desagraviarle con oración y penitencia, que vas a subordinar todos tus planes a la participación en la oración litúrgica –los Oficios del Jueves y del Viernes Santo-. Que sí, que mereces un descanso, pero que tus traiciones por un lado y tu amor por otro, te impelen a la penitencia, a la oración, al desagravio, para culminar en la celebración solemne del gran Misterio Pascual: tu salvación, su Resurrección, tu participación en la Muerte y en la Resurrección del Señor, tu vida eterna y tu paz y felicidad temporal. 

(Fuente: conoceréis de verdad.org)

martes, 15 de marzo de 2016

Anuncian la canonización del cura Brochero

VATICANO, 15 Mar. 16 / 06:14 am (ACI).- Esta mañana el Vaticano anunció la fecha de canonización en Roma de cinco beatos muy conocidos tras la celebración de un nuevo consistorio público presidido por el Papa Francisco: José Sánchez del Río (México); el Cura Brochero (Argentina); Elizabeth Hesselblad (Suecia); Estanislao de Jesús y María (Polonia) y la Madre Teresa de Calcuta (Albania).
El Beato mexicano José Sánchez del Río será canonizado el próximo domingo 16 de octubre: fue un niño cristero que murió mártir de la persecución religiosa que sufrió México en la segunda década del siglo XX.
La curación de una bebé mexicana, para quien “humanamente ya no había esperanza de vida”, fue el milagro que el 21 de enero aprobó el Santo Padre.

El P. José Gabriel del Rosario Brochero se convertirá en el santo de Argentina también el 16 de octubre. En 2013 el Papa Francisco dijo: “dejemos que el Cura Brochero entre hoy, con mula y todo, en la casa de nuestro corazón y nos invite a la oración, al encuentro con Jesús, que nos libera de ataduras para salir a la calle a buscar al hermano”. 
 
La Beata Elizabeth Hesselblad será inscrita en el libro de los santos el próximo domingo 5 de junio: fue una conversa luterana en Suecia a quien los judíos consideran “Justa entre las Naciones” –un título que podría equipararse a la canonización en esa religión– por haber salvado a muchos perseguidos durante la Segunda Guerra Mundial.
En la misma ceremonia, el 5 de junio, será canonizado Estanislao de Jesús y María (cuyo nombre original fue Juan Papczynski). Fue un sacerdote y fundador de los Clérigos Marianos de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, primera congregación masculina polaca. Fue beatificado el domingo 16 de septiembre de 2007 en Polonia, en el santuario mariano de Lichen.

Homilia del santo padre en Santa Marta 15/03/2016

Si queremos conocer “la historia de amor” que Dios tiene con nosotros, es necesario mirar al Crucifijo, en el que hay un Dios que se ha “vaciado de la divinidad”, se ha “ensuciado” con el pecado con tal de salvar a los hombres. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta.
La historia de la salvación que relata la Biblia tiene que ver con un animal, el primero que es nombrado en el Génesis y el último que se lee en el Apocalipsis: la serpiente. Un animal que, en la Escritura, es símbolo poderoso de condenación y, misteriosamente – afirmó Francisco – de redención.
El misterio de la serpiente
Para explicar el misterio de la serpiente, el Santo Padre relacionó la Lectura tomada del Libro de los Números con el pasaje del Evangelio de Juan. La primera contiene el célebre paso del pueblo de Israel que, cansado de vagar por el desierto con poco alimento, impreca contra Dios y contra Moisés. También aquí son protagonistas, dos veces, las serpientes. Las primeras enviadas por el cielo contra el pueblo infiel, que siembran miedo y muerte hasta que la gente no implora a Moisés que pida perdón. Y la segunda, reptil singular que llegados a ese punto entra en la escena:
“Dios dice a Moisés: ‘Haz una serpiente y ponla sobre un asta (la serpiente de bronce). Quien habrá sido mordido y la mirará, permanecerá con vida’. Es misterioso: el Señor no hace morir a las serpientes, las deja. Pero si una de éstas hace mal a una persona, miras a aquella serpiente de bronce y te curarás. Levantar a la serpiente”.
La salvación está en lo alto
El verbo “levantar” está, en cambio, en el centro de la dura confrontación entre Cristo y los fariseos tal como lo describe el Evangelio. En un momento determinado, Jesús afirma: “Cuando habrán levantado al Hijo del hombre, entonces entenderán que soy Yo”. Ante todo – notó el Papa – “Yo Soy” es también el nombre que Dios había dado de Sí mismo a Moisés para que se lo comunicara a los israelitas. Y después – añadió Francisco – está esa expresión que vuelve: “Levantar al Hijo del hombre…”:
“La serpiente, símbolo del pecado. La serpiente que mata. Pero una serpiente que salva. Y éste es el Misterio de Cristo. Pablo, hablando de este Misterio, dice que Jesús se vació, se humilló a sí mismo, se aniquiló para salvarnos. Es más fuerte aún: ‘Se ha hecho pecado’. Usando este símbolo se ha hecho serpiente. Este es el mensaje profético de estas Lecturas de hoy. El Hijo del hombre, que como una serpiente, ‘hecho pecado’, es levantado para salvarnos”.
El aniquilamiento de Dios
El Pontífice afirmó que “ésta es la historia de nuestra redención, ésta es la historia del amor de Dios. Y añadió que si queremos conocer el amor de Dios, debemos mirar al Crucificado: un hombre torturado”, un Dios “vaciado de la divinidad”, “ensuciado” por el pecado”. Pero un Dios que – concluyó el Obispo de Roma – aniquilándose destruye para siempre el verdadero nombre del mal, aquel que el Apocalipsis llama “la serpiente antigua”:
“El pecado es la obra de Satanás y Jesús vence a Satanás ‘haciéndose pecado’ y desde allí nos levanta a todos nosotros. El Crucifijo no es un ornamento, no es una obra de arte, con tantas piedras preciosas, como vemos: el Crucifijo es el Misterio del ‘aniquilamiento’ de Dios, por amor. Y aquella serpiente que profetiza en el desierto la salvación: elevada y quien la mira es curado. Y esto no ha sido hecho con la varita mágica de un Dios que hace las cosas: ¡no! ¡Ha sido hecho con el sufrimiento del Hijo del hombre, con el sufrimiento de Jesucristo!”.
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