viernes, 9 de octubre de 2009

Algo serio, dicho jocosamente



¿Y qué diablos es el infierno?
-Dios me perdone, padre, pero este Papa Benedicto XVI me cae cada día más mal.
-¿Por qué?
-Porque está dando marcha atrás a todo lo que habíamos avanzado.

La que así protestó fue una maestra de escuela que, a pesar de sus grandes conocimientos, no deja de asistir a Misa todos los domingos.
-¿En que ha dado marcha atrás?-, le pregunté.
-Por ejemplo, en lo del latín. Ahora resulta que me van a obligar a escuchar Misa en latín.

-Sirve para que practiques tu latín-, bromeó su esposo, que escuchaba atento la charla.

-Mira –le expliqué– después de las reformas litúrgicas del Concilio Vaticano II, la Misa comenzó a celebrarse en el idioma de cada país, pero hubo personas, muchísimas, que lamentaron que hubieran quitado el latín y eso fue motivo para que se alejaran de la Iglesia, e incluso, para que formaran grupos muy cercanos a la separación o abiertamente separados de la Iglesia.

En ellos piensa el Papa cuando los invita a unirse nuevamente a la Iglesia, celebrando la Santa Misa en ese idioma que ellos han hecho suyo y que fue y es el idioma oficial de la Iglesia. Pero eso no significa que vayamos a celebrar en latín todas las misas.

-¿Y el infierno? Ya el Papa Juan Pablo II había ganado mucho terreno al declarar que no había infierno y ahora este Papa acaba de declarar que sí lo hay.

-No te dejes llevar por lo que dicen los medios de comunicación, pues quienes los manejan son grandes comerciantes que buscan siempre noticias para vender y, si no las hay, maquillan un poquito las existentes para que aparezcan más sensacionales.
De igual forma, quienes dan las noticias suelen ser buenos periodistas, pero no son teólogos, y muchas veces ni siquiera practican ni conocen su religión. Y por otra parte, cuando vas a la Iglesia, los sacerdotes no tocamos el tema porque hablar del infierno nos crearía mala reputación en un mundo que no quiere saber nada del infierno y que prefiere pensar que Dios es tan bueno, tan bueno, que lo podemos hacer tonto.

-¡Dios no castiga!-, contestó molesta.

-Es una idea muy bella, pero necesitamos ampliarla. Por lo pronto te diré que la existencia del infierno es doctrina cristiana, no sólo de los católicos, sino de todas las iglesias que siguen a Jesús. Para nosotros, es dogma de fe, de tal modo que si alguien niega la existencia del infierno, deja de ser católico y no porque lo corramos de la Iglesia, sino porque él mismo rompe su comunión de fe con ella. Por lo tanto, ni Juan Pablo II ni ningún Papa pueden declarar que no hay infierno.

Por otra parte, Juan Pablo II jamás dijo que no había infierno, cosa que hubiera encantado a los hombres de hoy que no tienen religión y que, de hecho, viven como si no hubiera infierno ni Dios. Podemos decir que el magisterio de la Iglesia, producido durante el pontificado de Juan Pablo II, reafirma la existencia del infierno y lo define como el rompimiento de la comunión con Dios y con los bienaventurados. Por su parte, el Papa Benedicto XVI, eminente teólogo, afirmó recientemente, en un encuentro con su clero en Roma, que quizás no sean tantos los que se condenan y que en todo caso serían aquellos que no son capaces de amar.

De igual forma, señaló que son pocos los que podrían entrar inmediatamente a la comunión con Dios. De esta declaración, los periodistas han armando su nota sensacionalista haciendo aparecer al Papa como un ultraconservador y retrógrado.

-Entonces, ¿sí hay infierno?

-Sí lo hay, a pesar de Dios mismo. No es algo querido por Él, sino por el hombre mismo. En términos modernos, podríamos decir que si no hubiera infierno, los hombres que no aman a Dios ni a nadie le pondrían una demanda ante los derechos humanos porque Dios los obliga a estar con Él en el cielo, en contra de su propia voluntad.

-¿El infierno es algo querido por algunos hombres?

-Sí, por aquellos que no dan en su vida ni un lugarcito al amor al prójimo y a Dios. Por aquellos que elijen libremente vivir sin tomar en cuenta a Dios. Ellos están construyendo, desde ahora, el infierno, tal como tú y las personas buenas construyen desde ahora el cielo. A ellos, a quienes hacen a un lado a Dios, el Señor los invita insistentemente a ir al cielo y ellos le contestan con cinismo: “¿Y a ti quién te pidió que me salvaras?”. Esta es la realidad y ante ella, ¿qué puede hacer el pobrecito Dios que se queda triste como un papá de la tierra al que su hijo no le hace caso?

-¿Es un lugar de dolor y sufrimiento?-, preguntó un poco más tranquila.

-El hombre por naturaleza tiende al bien y a la verdad, ama lo bello y lo busca. Dios es el bien, la verdad y la belleza infinita. La naturaleza humana, privada de su finalidad, privada voluntariamente de Dios, sufre y lo hace sin la esperanza de recuperar alguna vez los bienes que ha rechazado para siempre. Eternamente. Eso es el infierno.

-¿Pero habrá alguien que quiera ir al infierno?

-Somos tan orgullosos y necios que no te extrañe que haya quien rechace voluntariamente el cielo. Pero más bien, nuestra elección no es cuestión de palabras, sino de actos. Nuestras obras buenas le dicen sí a Dios y a la comunión con Él; las obras malas son nuestro boleto al infierno.

-Pobre Papa, como nos hacen pensar mal de él-, comentó la señora con cierto arrepentimiento.

-Pero qué bueno que tú, por lo menos, preguntas; otros pobres se quedan con una mala impresión de nuestro Papa Benedicto XVI.


Nombres del infierno en el Nuevo Testamento:
  •   Hades
  • Gehenna
  • Hoguera de fuego
  • Estanque de fuego y azufre
  • Fuego eterno
  • Abismo
  • Tinieblas exteriores
  • Lugar de tormentos
  • Tártaro
Autor: www.desdelafe.com.mx
(Fuente: church forum)





Ser Iglesia - III

La Iglesia de Cristo tiene con respecto al hombre una responsabilidad que, en cierto modo, abarca todas las dimensiones de su existencia. Por eso, siempre se ha sentido comprometida en la promoción del desarrollo de la cultura humana, favoreciendo la búsqueda de la verdad, del bien y de la belleza, para que el hombre corresponda cada vez más a la idea creadora de Dios. 
Al contemplar la verdad sobre el hombre, no podemos por menos de dirigirnos a la figura de Cristo resucitado. Sólo él encarna perfectamente la verdad del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1, 26).

jueves, 8 de octubre de 2009

Ser Iglesia - II

La Iglesia católica no es de los hombres, es de Dios y aquí es donde duele: representa la belleza, la verdad, la bondad, la trascendencia de Dios y, aunque está hecha por hombres, no ha sucumbido en estos más de veinte siglos. A los hombres, lo que les ofrece es una versión moral de la existencia y un conjunto de senderos con norte claro para no desorientarse. ¿Por qué? Porque –queramos reconocerlo o no– el suceso de la manzanita de Eva ha dejado herida –no muerta– la naturaleza del hombre. Quizá sea éste el origen de los ataques a la Iglesia católica y a sus instituciones: no querer aceptar que el hombre debe ser sanado con un tratamiento eficaz –por cierto, muy radical, porque afecta a la totalidad del ser humano–, y recetado por los representantes de Dios en la tierra. Y en esa receta mágica se contempla cómo vivir con dignidad, porque estamos hechos a imagen y semejanza de Dios; cómo ser feliz a través de la familia; cómo entender que es más importante ser que hacer o tener; o cómo morir con dignidad de hijo de Dios, entre otras numerosas afirmaciones o vibraciones positivas.
¿Por qué es tan difícil conseguir una convivencia pacífica, basada en el respeto a la libertad de las conciencias, que no es lo mismo que libertad de conciencia? Porque el cristianismo va a la raíz de las cosas, no postula soluciones aguadas, ni banaliza los problemas, ni, mucho menos, trivializa la verdad... Al contrario, ofrece alternativas exigentes, pero basadas en el amor que Dios nos tiene, y con el que podemos afrontar todo aquello que nos parezca un escollo u obstáculo insalvable.

(Fuente: "Conoceréis de verdad.org")




martes, 6 de octubre de 2009

Ser Iglesia - I


“Omnia instaurare in Christo” La Iglesia, desde el inicio, es católica, esta es su esencia más profunda, dice Pablo.
“El nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, es un pueblo que proviene de todos los pueblos. La Iglesia, desde el inicio, es católica, esta es su esencia más profunda. San Pablo explica y destaca esto cuando dice:  "Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu" (1 Co 12, 13). La Iglesia debe llegar a ser siempre nuevamente lo que ya es: debe abrir las fronteras entre los pueblos y derribar las barreras entre las clases y las razas. En ella no puede haber ni olvidados ni despreciados. En la Iglesia hay sólo hermanos y hermanas de Jesucristo libres”.
S. S. Benedicto XVI

IGLESIA


¡La Iglesia fundada por Jesucristo, lleva 2.000 años siendo Madre y Maestra!“. Desde el Gólgota en Jerusalen como desde la crucifixión en cruz invertida de San Pedro en el gólgota vaticano -esa admirable colina romana- somos trayectoria evangélica y evangelizante.
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